lunes, 13 de abril de 2020

EL CANCAMO SOÑADOR

El cáncamo jorobado 
en un espiche pinchado 
espera a la galerista 
con el cuadro de un artista.

Su madre es una alcayata 
donde se cuelgan piñatas, 
es humilde y delgada 
y nunca ha aspirado a nada. 

Pero él quiere sostener 
el cuadro de una mujer, 
tal vez de una odalisca 
o una princesa morisca. 

Le gusta mucho el Guernica 
pero por su peso abdica 
o Velázquez en la Meninas 
donde el aire se adivina.

Quiere una obra discreta: 
Virgen de la servilleta.
Tal vez los relojes blandos 
que en la rama están colgando.

O las telas de Zurbarán
que sus pliegues gustaran
en frailes y religiosos.
No quiere un cuadro con osos. 

Sorolla el valenciano, 
que pinta mucho el verano, 
se encandila con su luz 
porque parece andaluz. 

Otro que el alma acaricia 
El jardín de las delicias, 
con el cielo y el infierno, 
que algunos llaman averno.

Con Miró le entran temblores 
tres pelotas de colores, 
dice que es una mujer 
y te los tienes que creer.

Le asusta el Grito de Munch, 
un cuadro poco común, 
que lo mira con pavor. 
Sale en pelis de terror.

Goya y la pintura negra 
da más miedo que su suegra, 
una alcayata gitana 
clavada en una peana. 

Aunque Solana es muy triste 
refleja el dolor que existe ,
su vida es un velatorio 
que lo lleva al manicomio. 

El cuadro que más le agrada 
y que pintó Zuloaga, 
pintor con nervios de acero 
que fue pintor y torero.

Su desnudo con mantilla 
al cáncamo maravilla 
y no se puede resignar
a ver el lienzo por atrás. 

No quiere ser indiscreto 
su misión es estar quieto. 
Piensa ¿a qué puede aspirar 
un vil trozo de metal? 

Su sueño se desvanece 
cuando en la sala anochece. 
Tras esperar un día entero
va y le cuelgan el plumero.