jueves, 9 de abril de 2020

GUISANTERIA

Un guisante en Constantina 
se pierde por la cocina. 
No es un guisante arrugado 
está ultracongelado.

Se ha salido del paquete 
y a ver si alguien lo mete. 
Mucho no puede esperar 
o se va a descongelar.

En busca de su destino 
emprende pronto el camino. 
Rodando por la encimera 
no sabe lo que le espera.

Ve que al tomate trituran 
y toma otra textura.
Ese final no le encaja
mejor tomate en rodajas.

El diente de ajo se pica 
cuando la blusa le quitan,
en menos de un cuarto de hora 
ya está en la trituradora.

Él aspira a algo mejor:
salteado con jamón.
Pero quién puede decir 
si su futuro está ahí.

La zanahoria muy lista 
es buena para la vista.
La trocean en rodajas 
o en tiritas muy majas.

Sino las habitas baby 
que se creen que son my lady,
más cursi que un repollo 
o ajo frito en un cogollo. 

Cuando llega al frutero 
baila una pera y un pero,
un plátano está tumbado 
con dos naranjas al lado.

Ve a la escarola Lola
dentro de una cacerola
y charla un rato con ella.
Le cuenta que va a Marbella.

Pasa por la cafetera,
que tiene el culo que pela,
si se pone a su lado 
pierde el ultracongelado. 

Cruza por el fregadero 
como si fuera un balsero. 
El guisante va rodando 
y el tiempo se está agotando.

El mango de una sartén 
le sirve para ascender 
pero se cae en la silla. 
No llega a la ensaladilla.

¡Mira mamá aquí hay uno! 
¿lo pongo? No es oportuno. 
Tras una odisea tan dura 
lo tiran a la basura.