martes, 14 de abril de 2020

UNA AVENTURA DE VERDURA

Había una vez un palmito 
que no era ni grande ni chico.
Vivía entre coliflores 
y un campo de girasoles.

Su anciano padre lo alarma.
Se están quedando sin agua.
Se tira a la aventura 
con su orgullo de verdura.

Con su hermano, otro palmito,
tampoco grande ni chico, 
emprenden juntos el viaje 
con más miedo que coraje.

Recorren varias hectáreas 
buscando un poco de agua.
Como en una pesadilla 
un conejo que los pilla.

Con los dientes amenaza,
va a saborear su caza.
Las hojas de los palmitos 
se extienden en abanico.

Los dos que salen corriendo 
y el conejo persiguiendo.
Pasan por un agujero 
y el roedor no entra entero.

El cuerpo queda atascado 
cabeza y cuerpo en dos lados.
Los dos palmitos se alejan 
del conejo, que allí dejan.

Llegan hasta un manantial 
pero que es un lodazal.
Otro reto en su aventura:
hacer que el agua sea pura.

Y se inventan un sistema 
para que el agua sea buena. 
Un colador y un cacillo 
que filtran con el mantillo.

Pero crecen malas hierbas 
y eso a los dos les enerva.
Con los polvos de una lata 
a las malas hierbas matan.

Canalizan sin trabajo, 
el agua cae cuesta abajo.
El palmito que da un grito,
porque ha llegado un chorrito.

Los dos hermanos regresan
como héroes a la huerta.
Lo reciben los vecinos:
coliflores y pepinos.

Las acelgas los aclaman,
las cebollas se engalanan
y una endivia sevillana,
la menor de dos hermanas,

se acerca con disimulo
moviendo un poquito el culo.
El palmito que la mira
cuando la endivia se arrima.

El hermano que se acerca
a la otra endivia traviesa,
de flores le da una ramito.
Ríe el anciano palmito.

Una fiesta celebraron
con todos los invitados, 
acelgas y cebolletas
que se saltaron la dieta.

Las endivias y palmitos
han perdido el apetito.
Cuando el amor se asoma
el hambre habla otro idioma.

El lenguaje de los besos 
y de la uvas con queso,
de miradas a la luna
y como tú no hay ninguna.

Así la cuatro verduras
amor eterno se juran
entre suspiros y flores
acelgas y coliflores.