viernes, 17 de abril de 2020

LA LEALTAD DE CANCAN

Ei viejo profesor solo está,
vive en casa con su fiel can. 
A él le sirve de compañía, 
no todo es filosofía.

Allí lo llevó su cuñado 
que lo encontró abandonado. 
Fue un regalo del destino 
que se cruzó en su camino.

Le puso el nombre de Cancán 
porque le gusta leer a Kant, 
"Crítica de la razón pura" 
en su pensamiento perdura. 

El profesor y su fiel perro, 
que salen juntos del encierro, 
van a la estación del tranvía 
como hacen los dos cada día.

Se apresuran, ahora está abierta 
pero el perro queda en la puerta, 
allí espera que regrese 
en ese lugar sin moverse. 

Por las mañanas el profesor 
se reúne con su antiguo rector. 
En la Casa de la Cultura 
ellos encuentran su mixtura. 

Los libros en la biblioteca, 
la prensa en la hemeroteca, 
las pelis en la filmoteca 
y en el bar tostada y manteca.

Cuando Cancán lo ve aparecer 
de un salto se pone de pie, 
menea el rabo, orejas tiesas 
y ladra porque ya regresa.

Por las tardes toca ir al parque 
cuando las seis el reloj marque. 
Acelera el paso Cancán 
pero el profesor piensa en Kant.

Le habla de filosofía 
pero el perro no lo entendía.
A él lo que le gusta es jugar,
correr por el parque y saltar. 

Allí encuentra otros perros 
y algunos niños gamberros, 
los rodeaban y se reían 
porque los perros se olían. 

Pero había una distinta, 
la que tiene mejor pinta: 
una niña de pelo rojo 
con pecas junto a los ojos.

Traen perros de muchas razas, 
que alguna madre disfraza, 
le pone gafas y chaleco 
como si fuera un muñeco.

El profe se sienta en un banco 
mientras los mira jugueteando 
y el libro "Por la paz perpetua" 
busca dentro de la chaqueta.

Un día que no estaba su rector, 
viejo el corazón del profesor 
con "Tiempos modernos" se paró.
Carcajada que lo despidió.

Como no lo ve aparecer 
Cancán ya no se pone de pie.
El fiel perro no se ha ido 
espera que llegue el amigo.

Allí pasa noches y días 
comiendo lo que podía, 
él intuye que la amistad 
es igual que la lealtad.

¡Mira mamá el perro Cancán! 
Porfa ¿nos lo podemos llevar? 
Es la niña de pelo rojo 
con pecas junto a los ojos.

Y el perro mira la puerta,
comprende que ya no habrá vuelta. 
Ahora por fin entendía 
lo de aquella filosofía.

La de afrontar el destino 
y seguir haciendo camino.
Cancán el rabo menea
para que la niña lo vea. 

El gran filósofo lo dijo 
y el profesor lo bendijo:
"El cielo estrellado sobre mí 
y la ley moral dentro de mí".