sábado, 18 de abril de 2020

LA VERDAD SOBRE PALMITO

Un día el palmito anciano
reunió a los dos hermanos.
Les tenía algo que revelar
y sabía que no iba a gustar. 

Vosotros no sois verduras 
sois hijos de otra cultura.
¡No es verdura el palmito! 
La verdad los deja frito.

¿Qué soy yo? Una pregunta 
que en su cabeza barrunta.
Su orgullo de verdura 
tirado a la basura.

Le aclara el palmito anciano 
quienes son sus paisanos.
Familia de la palmera 
que en el oasis impera.

En barco nos han traído 
y ellas nos han acogido, 
hortalizas de colores 
de raíz, tallo o de flores. 

Rábano, apio, alcachofa. 
También de bulbo y de hoja: 
cebolla, lechuga y acelga. 
Hasta hay una col belga.

Pero algo no le encaja.
¡En el oasis no hay casi agua! 
Su aventura no sirvió. 
El agua nunca nos faltó.

Dice el anciano palmito,
que es viejo y es erudito:
Vivimos en sociedad 
por recibir y ayudar.

Los vecinos de esta huerta,
que nos abrieron las puertas 
sin pedir ningún contrato,
merecen el mismo trato.

Nosotros con la humedad 
tal vez nos pueda bastar
pero aquí hay muchas verduras 
que sin agua no maduran.

Para la agricultura 
el agua debe ser pura.
Con el sistema filtrante 
el huerto está deslumbrante.

Se vuelve y ve a los vecinos 
pimiento, tomate y pepino, 
zanahoria, ajo y coliflor,
iluminados por el sol.

Todos se lo agradecían 
y la endivia sonreía.
Cuando el agua la depuras
son más bellas las verduras.

Palmito había conseguido 
devolver lo recibido.
Sabe que quién agradece
a la bondad obedece.