sábado, 25 de abril de 2020

UNA LONCHA QUE SE TRONCHA

Esta feria la caseta
como siempre está repleta.
Los amigos han llegado
y el grupo está preparado.

Tres cervezas, manzanilla
y pon un par de tortillas.
Lo pide el anfitrión
que no menciona el jamón.

El ibérico impaciente
¿lo habrá olvidado esta gente?
Pesa más de cinco kilos
y sólo un plato han servido.

La mojama muy indiscreta:
No eres jamón eres paleta.
Y esta que no es casquivana:
Soy ibérica y serrana.

No es paleta de tostada
ni ser al vacío envasada.
Cada loncha ha de nacer
momentos antes de comer.

Con la pata casi entera
hay muchas lonchas que esperan.
Una loncha no cortada
aún no es loncha ni es nada.

Han pedido tres raciones.
Da chaira el de los fogones.
Como es un buen cortador
será un parto sin dolor.

Con pulso de cirujano
la pezuña en la otra mano.
El cuchillo afilado
se desliza con cuidado.

Al cortar, la paletilla
siente un poco de cosquillas,
cuando retira la loncha
esta de risa se troncha.

En el plato acomodada
la loncha recién cortada,
le ponen otras encima
y ella queda escondida.

El anfitrión ha convidado
a unos nuevos invitados
que comen a la ligera
las lonchas que están primeras.

Pero no la saborean
ni en la boca paladean.
Que la grasa se derrita
es como está exquisita.

El jamón está más rico
con pan en vez de con picos
aunque para decir verdad
aún mejor sin picos ni pan.

Una copita de fino
se cruza en su camino.
Tomarlo con rebujito
debería ser un delito.

Ya se acaba este relato
¡es la última del plato!
pero aparece un gorrón
y le ponen salchichón.

Trae tres niños, la mujer
y el perro para comer.
De los tres el más gamberro
cae el plato, la coge el perro.

Sale corriendo por patas
y la loncha la remata.
Tiene un final tan austero
que acaba llena de albero.

Huelva tiene una sierra
que dos tesoros encierra,
el jamón de pata negra
y las gentes de esa tierra.