viernes, 1 de mayo de 2020

LOS CAPRICHOS DEL AZAR

La llave en la cerradura
no gira, está muy dura.
Se ha estropeado el bombín
y no puede entrar así.

Ha llamado a un cerrajero
el vecino del tercero.
El cocido está en el fuego
y se va a quemar entero.

En el piso tiene que entrar,
su mujer está al llegar,
y el cerrajero no llega.
El cocido en la candela.

A ver si hay un incendio
y el piso le sale ardiendo.
Por fin llega el manitas
con una ganzúa bendita.

Cuando le abre la puerta
parece un galgo que sueltas.
Corriendo hasta la cocina
se golpea en una esquina.

Se cae contra una puerta
que estaba entreabierta.
Se asusta el cerrajero
cree que va por el dinero.

Del golpe casi se mata,
llega a la cocina a gatas.
Se ha chamuscado un poco.
Lo prueba. Yo no lo noto.

Llega con ánimo bajo
la mujer de su trabajo.
Esto sabe a quemado
¿que narices ha pasado?

Todo el día haciendo el vago
y mientras yo en el trabajo.
El marido que se ofusca.
Yo no he tenido la culpa.

Ha sido la cerradura.
No se abría. Estaba dura.
No me cuentes más monsergas
que te habrás ido de juerga.

Te aseguro que es verdad
lo que te acabo de contar.
Mira esta es la factura
de arreglar la cerradura.

Te la habrá hecho un amigo
de los que salen contigo.
El marido impotente
aprieta fuerte los dientes.

Es cierto que cada día
baja al bar de Matías
pero hoy que no ha ido
se le quema el cocido.

Había bajado por pan
a la panadería de Juan.
La maldita cerradura
le causa esta tortura.

Sin merecer lo ocurrido
el azar eso ha querido.
A veces la esquiva suerte
ni siquiera quiere verte.