miércoles, 6 de mayo de 2020

PLAN DE FUGA

Un caracol asustado
de milagro se ha escapado.
No lo ve la que los busca
porque la sombra lo ofusca.

Reza porque esté cegata
una tía con una lata.
En un parpadeo de ojos
se esconde en unos rastrojos.

No quiere ni respirar,
no lo vaya a encontrar.
El caracol con su casa
muy despacio se desplaza.

Ondulando la barriga
avanza con gran fatiga.
Troncha una rama seca
y de miedo se defeca.

El ruido lo delata
y lo ve la de la lata.
Lo coge de forma impune
y a los demás lo une.

En la lata apretados
y con un paño tapados.
Un revoltijo de moco.
Se va porque caben pocos.

Lo ceban toda la noche
con harina ¡Que derroche!
Los mete en una cazuela
y él se queda casi fuera.

El miedo no los arruga
y organizan una fuga.
Empujan la tapadera
y salen de la cazuela.

Se suben por las paredes,
por el techo, donde pueden.
El reloj marca la hora,
se despierta la señora.

Cuando llega a la cocina
ve aquella escabechina.
La señora que los guisa
a casi todos requisa.

Sólo queda el caracol,
escondido en el farol
que está colgado en el techo,
recostado sobre el pecho.

Desde allí ve que los lava,
bajo el grifo a las bravas
y en una olla en el fuego
los calienta con sosiego.

Coge especias y guindillas,
que pone en la muñequilla.
Se había escapado el primero,
seguirá por el sendero.

Aprovecha un descuido
y se marcha decidido.
Se arrastra hasta la ventana
que con gran esfuerzo gana.

Deja un reguero de moco,
se ve con la luz del foco.
La mujer que se percata.
El reflejo lo delata.

Cuando lo va a coger
está a punto de caer.
Al bajarse de la silla
se golpea la rabadilla.

El caracol asfixiado
llega baboso al tejado.
Cuando está en la azotea
desde el pretil otea.

Ve el mástil de una antena.
que para invernar es buena.
El miedo no lo doblega,
cierra la puerta y se pega.