domingo, 3 de mayo de 2020

UN ETERNO AMANECER

Madrugan las margaritas
cuando el alba las visita.
Las más jóvenes bostezan
y todas se desperezan.

Se lavan con el rocío,
las despabila, está frío.
Los tibios rayos de sol
las secan con su calor.

Una gran sábana blanca
de la tierra se levanta,
con lunares amarillos,
sobre albahaca y tomillo.

Despiertan todas las flores
que despliegan sus colores,
colores de primavera
y olores de hierbabuena.

Corriendo por el camino,
con un vestido de lino,
una niña de ojos claros
con el pelo alborotado.

Se agacha y coge un ramito,
con un cuidado exquisito,
las sujeta con un lazo
de color rojo de raso.

Entra en casa sigilosa,
de puntilla por las losas,
para que el perro no ladre.
Es el Día de la Madre.